lunes, 21 de agosto de 2017

VILLAMURIEL DESDE "EL PARAÍSO"

La segunda parte de la visita en grupo realizada este verano por Amigos del Patrimonio de Villamuriel nos emplaza en la garita propiedad de la familia Lagunilla-Villán. Las garitas pasaban de padres a hijos. Con cuidados, obras de mejora y adaptación a los tiempos, son varias las que han llegado a nuestros días en uso. Otras, quedaron abandonadas o fueron recuperadas por nuevos propietarios. Junto con las bodegas, son siluetas históricas del viejo mosaico construido bajo tierra en Villamuriel de Cerrato. 





Nos reciben al pie de la cuesta, Pilar, Josefina y Montse, hijas de Antonio Lagunilla y Nana Villán para enfilar la subida a pie hasta el lugar de su garita y donde nacieron. La primera parada en el espacio que han dado en llamarlo "el paraíso". Es un ambiente arbolado dispuesto como recibidor y lugar de estar al aire libre. Debe su nombre a que efectivamente, unos ejemplares de este arbusto (árbol del paraíso) florecen cada primavera, decoran, dan sombra y de toda la vida, han servido a la familia para menesteres prácticos. Desde este nivel, imposible privarse de otear el valle de Villamuriel al frente y el monte a la izquierda. 
La suya es una garita original y de las grandes por contar con siete estancias. La fachada es nueva pero el interior mantiene las formas, las estancias, los techos, las paredes y los suelos como los dejaron sus progenitores. A un lado de la entrada, la bancada para no perder la categoría de mirador excepcional que siempre tuvo esta garita dada su ubicación. Al menos cuatro generaciones la han habitado. Nuestras anfitrionas eran niñas cuando la familia se trasladó a una nueva vivienda en el casco urbano de Villamuriel.  
 
Fotografía cedida por la familia

LA GARITA Y SUS DEPENDENCIAS

Esta garita desde la entrada y por el pasillo tiene dos estancias contiguas a la derecha, una habitación al fondo y la cocina con despensa y alacena, a izquierda. Es acogedora y sorprende la cantidad de objetos y detalles que a los ojos del visitante simula un museo; mobiliario y enseres de la vida doméstica rural aparecen repartidos por todas las estancias. El color y el toque personal se lo dió Nana, la madre, gran aficionada a reciclar, a la naturaleza, a las manualidades y a la pintura. Los relatos de tantos recuerdos fluyen con naturalidad y con amor. Nos hablaron de la vida de los niños aquí arriba. Había una alta natalidad; la media por familia estaba por encima de cinco hijos. De la escuela, de los juegos, de las obligaciones con sus connotaciones específicas y diferentes y de todo, pudimos conocer y aprender 











Por su acogida, simpatía y testimonio, damos las gracias a Pilar, Josefina y Montse.
Amigos del Patrimonio agradece sus  relatos fieles, sencillos, instructivos y hasta pintorescos de la parte de su vida en las garitas y su consentimiento para fotografiar y publicar en el Blog.

En homenaje a los que vivieron en la loma de Miraflores e hicieron prosperar todas las cosas a su paso y a su modo con dignidad y persistencia. 

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