miércoles, 4 de abril de 2018

A VUELTAS CON LAS PIEDRAS

Una vuelta es, entre otras definiciones, el desplazamiento de algo de su posición de origen. El movimiento físico referido en esta entrada a algunas piezas de piedra que se encuentran fuera del lugar para el que fueron elegidas y utilizadas en su primera vez o perdieron su función original al ritmo de la cultura y de las necesidades. No tanto por su valor como por su belleza, recuerdo y la historia que encierran. ¿Son estas piedras reconocibles y valoradas? No vamos a entrar en argumentos sobre esta cuestión sino en un breve muestrario de algunas de las piedras más notorias, visibles y especiales que hemos encontrado por el paisaje de Villamuriel de Cerrato.



Estamos acostumbrados a escuchar el término "monumento de piedra" en referencia general a nuestras construcciones más representativas: iglesia-puente-canal. La piedra es por definición un material de origen natural caracterizado por su elevada consistencia. En arquitectura, se considera piedra a un material para la construcción y tradicionalmente, uno de los principales elementos en las grandes edificaciones: muros de carga, sillares, sillarejos, mampostería, arcos y bóvedas...
Piedra angular hace referencia a la piedra fundamental con que se inicia la fundación de un edificio, mientras que  piedra clave, se reserva para la cúspide o punto más elevado. El arte de la piedra con destino a lo sacro o a lo civil reside en que perdura a pesar de las sustituciones, demoliciones o ampliaciones de la expresión construida. Cuando su función o ubicación cambia, su presencia queda para el aprecio por un pasado que encontramos ya lejano e inalcanzable, hitos permanentes de herencia visual de nuestra historia y cultura. 

En Villamuriel de Cerrato tenemos nuestro muestrario de piedras de tiempos y obras reubicadas o en quieta exposición que se dejan ver y atraen la curiosidad.

En una de las salas del Centro Jóven de Villamuriel de Cerrato que comparte edificio con la sede de la Policía Municipal se encuentra un arco en piedra que perteneció a la primitiva iglesia-parroquia de San Sebastián.


En la moderna iglesia de Santiago Apóstol de Calabazanos se acopló este arco de piedra que perteneció a su homónima (hoy desaparecida) levantada junto al convento de las Clarisas. 


En el Canal de Castilla la piedra es omnipresente; en los entornos de las esclusas de Soto Alburez quedan estas piedras necesarias en tiempos para su actividad.




Del desaparecido cementerio municipal solo han quedado estas piedras simbólicas. 


En la iglesia Santa María la Mayor encontramos piedras que tapan o cambiaron de uso para adaptarlas a otros espacios dentro de la unidad estructural. 



En la parte final del puente de piedra y acceso a la villa aparecen estos trece hitos que en el pasado sirvieron para separar la zona de paso de los carros y la del ganado.


En una céntrica plaza hace de monumento esta magnífica pieza de lagar. 


Y lo dejamos ahí. Hay que señalar que entorno a la piedra de origen natural hay que reconocer la obra y tambíen la serie de oficios relacionados. Digamos que las piedras no hablan ¿o, sí? pero llevan implícita una marca personal, simbólica, de enlace... junto a la belleza de sus formas, su color, su utilidad... sus secretos. Imaginamos las piedras que permanecen y las que conocimos que no gozaron de tanta seguridad.

Si conocen otros testigos en piedra que merezcan reconocimiento, estaremos encantados de añadir a nuestro archivo patrimonial.  









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